lunes, 15 de marzo de 2010

... y alzar la vista; y ver el cielo sobre ti...

¿Dónde están esos amaneceres?

 ¿Y esas mejillas y narices rojitas por el frío matutino que nos daba en la cara?

Quiero volver a ver el sol en el horizonte, ese que me deslumbraba y que se refleja en mis gafas.

sábado, 13 de marzo de 2010

e minúscula

"Permitamos que el tiempo venga a buscarnos en vez de luchar contra él"

jueves, 11 de marzo de 2010

Marzo

Cuando marzo nos visita trae una maleta repleta de cosas: la primavera, el buen tiempo, las flores, las fallas en Valencia, los cumpleaños de seres queridos... Pero también nos recuerda cosas desagradables y dolorosas.

7.10h.

Lo sucedido esa mañana de hace exactamente seis años, cambió la vida y la percepción de las cosas de mucha gente. La sociedad fue atacada donde más duele, con la muerte de gente inocente. Y lo peor de todo es que eso fue consecuencia de una guerra, en la que la mayoría no quísimos participar (quedo bien patente en las numerosas manifestaciones y con el "NO A LA GUERRA"). Podemos decir que sufrimos las consecuencias de las actuaciones de un borracho que tenía visiones y de un bigotudo que cree que sabe hablar inglés.

Todo fue destrucción. Dolor. Desesperación. En esos momentos fuimos azotados por la inseguridad y vimos lo vulnerables que éramos. Imágenes que se guardaron en nuestra memoria para siempre.

192 víctimas mortales, pero todos quedamos conmocionados y heridos. Fue todo un golpe en un país que se preparaba para el desenlace final de unas elecciones, que se vieron trastocadas.

Eso sí, la ciudadanía tuvo una actiación inmejorable. Había que mirar hacia delante. Y así fue.

Pero,como en todo, entre tanta desolación y dolor, la suerte apareció fugazmente, y eligió. Tras la tragedia, aparecieron las historias personales. La mayoria con final trágico como sabemos. Pero hubo algunas excepciones: aparecieron personas, que como suele ser habitual en los usuarios del transporte público, tuvieron algunos imprevistos, y perdieron esos trenes. Un despiste, una jugada del sueño, o un cambio de planes a última hora les marcó la vida para siempre. Volvieron a nacer. Seguro que estas personas, o las que cogían los trenes posteriores, se estarían quejando: iban a llegar tarde a sus lugares de destino, los trenes se estaban retrasando... ignorando todavía lo que les había sucedido. Además, si no recuerdo mal, ese día había una huelga de estudiantes, por lo que muchos de ellos no fueron a estudiar...
Un momento que desgraciadamente ha pasado a la historia. Nos será difícil olvidar qué hacíamos en ese instante. Yo me preparaba para ir al instituto, cuando oí la noticia de un aparente choque de trenes. Más tarde, cuando la profesora de castellano nos preguntó si nos habíamos enterado, fui consciente de que algo grave había ocurrido.

Yo, cómo usuaría de los trenes de cercanías siempre tengo esto bien presente. Todos deberíamos tenerlo, y no solo los días 11-M, sino todos los días. Al coger el tren de las 7.10h, pienso en esa gente, que como muchos, como yo, subieron a esos trenes con un objetivo, el de seguir con sus vidas y cunmplir con las obligaciones y  metas que forman la rutina. Estudiantes y trabajadores, que luchan, madrugan y tiran hacia delante a diario.

Esperemos no tener que revivir cosas como estás. Nunca. Nunca más.

¿Cómo?

Esperanza Aguirre ha llamado a la ciudadanía a la rebelión.
A mí se me acaban de esfumar las ganas de participar en una.

lunes, 8 de marzo de 2010

Rutina

La monotonía es aburrida. Es obvio. Llega un momento en el que todo te cansa, y a todas horas sientes eso que últimamente está tan de moda, el "dejà vu". Todos los días las mismas preguntas, todos los días las mismas respuestas. Siempre los mismos comentarios. Y, otra vez, vuelta a empezar.

Sinceramente, no sé porqué escribo esto. En realidad no creo que sea así. Cada día es diferente, y cada día me sorprende. Siempre hay algo o alguien que hacen que el día haya valido la pena, y mucho. Una sonrisa, un "Buenos días", una carcajada, y una mirada valen mucho si sabemos apreciarlos como es debido.

¡Oh querida bipolaridad!: me haces odiar y al mismo tiempo adorar a la misma persona, me haces pensar que algunos días son una mierda, al mismo tiempo que me río en la cama al recordar algo que me ha ocurrido ese mismo día, me pones triste porque pienso que todo me va mal y al mismo tiempo me recuerdas lo afortunada que soy...

Bueno, y otra vez la monotonía me vuelve a pegar en la cara: otra tarde más ha pasado, y no he hecho lo que pensaba hacer... Pero bueno, es lo que hay. Cada vez es más absurdo planear las cosas: nunca salen como pensabas. La vagueza parece haberse instalado en mí. Ya sabía yo que pasar las horas tirada en una silla de escritorio mirando la pared no podía ser bueno...

Y esta rutina, que a veces me parece odiosa, sé que algún día la echaré de menos, y mucho. Los amaneceres, el frío, los horarios, las ojeras... qué difícil será cuando no me acompañen.

Aprendamos a valorar las cosas. Aprendamos a encontrar lo bueno, y a ignorar lo malo.

La vida es así. Nosotros somos así. ¿ Qué hacemos con este  cúmulo de emociones (muchas veces contradictorias entre sí) que huyen a la razón?

P.D. : Otra vez igual, no he escrito sobre lo que llevo días queriendo escribir. ¿Tal vez mañana?

domingo, 28 de febrero de 2010

Escribir...

Ponerse a escribir. Esa gran labor tan laboriosa. Y es que, si prestamos un poco de atención, nos damos cuenta de lo compleja que es nuestra realidad y de la infinidad de cosas sobre las que se puede escribir. Cosas que hacemos nosotros, que nos ocurren o que simplemente vemos y observamos desde el anonimato y nos parecen curiosas, criticables, deplorables o alabables.

Y todo esto viene porque hace días que quería escribir. Pero no es tan sencillo. Hay que encontrar el momento justo para ponerse a ello. En cualquier instante y lugar ves algo, o te sucede algo, y te dices " esto tengo que escribirlo". Pero claro, justo en ese momento  no puedes. Llegas a casa , y después de todo el día fuera, tienes infinidad de cosas que hacer. Y a desganas las haces, o eso intentas, porque la mayoría de veces se quedan a medias y simplemente pasas las horas ante una pantalla, mirando la pared o la gente y la lluvia a través de tu ventana...

Bueno, y así es como pasa un día, y otro, y otro... y sigues sin escribir, pero no te olvidas de que debes hacerlo. El problema es, que en esos días de "transición" el mundo no se para, no, suele suceder justo lo contrario: está más vivo que nunca, y las cosas sobre las que quieres escribir, se multiplican... Pero tú:

A) Sigues sin encontrar el momento para escribir.
B) Sigues con el empeño de querer hacerlo (y lo harás).

Ahora no me voy a alargar más. Esto era una simple reflexión... Me parece curioso esto de escribir. Hay que saber cazar el momento justo... si no, pasarán y pasarán días hasta que volvamos a tener la oportunidad. Parece ser que la inspiración es efímera y muy influenciable por nuestros sentimientos, nuestras sensaciones y nuestro estado de ánimo.